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Situación seria, siguiente intento – sobre la fundación del movimiento Democracy in Europe

Sin embargo, la iniciativa DiEM25 que busca la democratización radical de la UE, dio un impulso más claro de lo que se podía esperar. No sorprendía mucho que el exministro de Hacienda griego siguiera siendo un imán para los medios y que tanto la conferencia de prensa en la mañana como el acto de la noche dejaran pequeñas las instalaciones del teatro. Igualmente, las respuestas de Varoufakis y su aliado, el filósofo croata Srecko Horvat, en la rueda de prensa se salieron de lo esperado. Evidentemente su intento de fundar un movimiento transnacional podía fracasar, afirmaron. Y, claro que los movimientos normalmente no se fundaban en conferencias de prensa. Pero teniendo en cuenta la dimensión de la crisis y el avance del fascismo europeo, había que plantear proyectos alternativos.

Más destacable que esto era la conformación del grupo invitado de manera aparentemente caótica pero no sin criterio por los organizadores. Unas 150 personas discutían durante todo el día, presentándose intervenciones de 3 minutos. En dichos debates, la identidad de la otra Europa plural y democrática sí tomó forma. El editor polaco Slawomir Sierakowski señaló los enormes obstáculos para cualquier intervención crítica en Europa del Este. La periodista franco-árabe Hind Meddeb habló del colonialismo como aspecto invisible de la identidad europea. El activista de Wikileaks estadounidense Jacob Appelbaum, que vive en condición de refugiado en Europa, destacó que los sin-Estado también tenían que hacer parte de la nueva comunidad democrática a fundar. Y el filósofo italiano Sandro Mezzadra colocó la crisis de los refugiados en el centro de cualquier debate progresista. En vez de retóricas partidistas, predominaba una perspectiva difusa societal y radical-democrática.

Es cierto que también se evidenciaron los vacíos. La otra Europa de Varoufakis es blanca y mayoritariamente académica. Y, claro, el discurso de DiEM25 es tan abierto que roza con las palabras hueras. Pero la idea por detrás es más fundamentada de lo que suponen sus críticos. Varoufakis parte del análisis que presenciamos el triunfo del autoritarismo neoliberal y de la xenofobia en Europa. Frente a ello es necesario construir un movimiento que aglutina a liberales tanto como a verdes y la izquierda.

El DiEM25 se plantea por tanto no solamente como un movimiento paneuropeo sino también “transversal” tal como que se había configurado en las plazas de Atenas, Madrid y Barcelona en 2011. Y en este contexto, también era de destacar quienes apoyan al DiEM25 desde el Estado español. No es la cúpula de Podemos que es celebrada y escenificada como “jóvenes estrategas de la nueva política” por los grandes medios de comunicación, sino el sector crítico y las confluencias ciudadanas. La red de las ciudades rebeldes representa emblemáticamente cómo podría ser un movimiento democratizador. Arraigadas en el 15M y la PAH, estas candidaturas están tratando de transformar las instituciones sin abandonar sus principios democráticos y participativos.

Es evidente que el DiEM25 quisiera iniciar un proceso similar vinculando la auto-organización y el trabajo político local con una propuesta paneuropea y transnacional. Es poco probable que lo vaya a lograr. De hecho, los movimientos nunca se fundan en conferencias de prensa. La iniciativa de Varoufakis, sin embargo, tiene un importante papel. Ayuda a sistematizar e internacionalizar la agenda de la izquierda alternativa en Europa. Durante la presentación por la noche, más allá de Julian Assange y del eterno Slavoj Zizek, se escucharon sobre todo a las y los representantes de las organizaciones políticas. Pero también allí predominaron aquellos provenientes de movimientos ciudadanos. Verdes críticos de Gran Bretaña, Francia y Portugal, independientes de Irlanda y una portavoz del movimiento social Blockupy.

Es fácil denunciar la noche fundadora del DiEM como un evento de teatro extenso y algo aburrido para el que había que comprar entradas (los celebrities por cierto también). Pero desde la periferia europea también hay otra lectura. En 2015, Grecia nos demostró que en la UE solo podremos defender las conquistas sociales básicas si logramos construir movilizaciones transfronterizas. A las gentes del sur, les importará poco qué camisa vestía Varoufakis en Berlín. Lo que cuenta es que arranca una propuesta que busca ni representar a los demás ni asumir cargos políticos.

El 19 de febrero la conferencia “Plan B para Europa” en Madrid dará seguimiento a la iniciativa. La situación es seria, y cualquier crítica que con ligereza destruye una propuesta antirracista como la del DiEM25, la agravará más.