Frente al poder de la oligarquía, el poder para las PERSONAS

Amelia Martínez Lobo en Transform

Los próximos 19, 20 y 21 de febrero tendrá lugar en Madrid un Gran Conferencia Europea “Contra la austeridad, por una Europa democrática” 

Tras los acontecimientos ocurridos en Grecia el pasado 2015: golpe de Estado financiero ejecutado desde la Unión Europea y sus instituciones y la posterior aprobación del tercer memorándum – chantaje mediante – la población griega ha sido condenada a seguir sufriendo las políticas de austeridad que ya habían rechazado en dos ocasiones a través de las urnas. Estos hechos, junto con un aumento de la crisis de desigualdad absolutamente perversa, y a un aumento de fuerzas alternativas contra la austeridad en diferentes lugares de Europa, han intensificado el debate sobre el papel real de la Unión Europea como garante de los Derechos Humanos fundamentales de la mayoría social.

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Recientemente, OXFAM ha publicado un informe, Una Economía al Servicio del 1%, en el que denuncia que “la desigualdad económica crece rápidamente en la mayoría de los países. La riqueza mundial está dividida en dos: casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante”. Según este informe, en 2015, 62 personas poseían la misma riqueza que 3.6000 millones (la mitad más pobre del mundo); además estas 62 personas han aumentado su riqueza en un 44% en apenas 5 años; mientras que el 10% más pobre sólo han aumentado sus ingresos diarios en menos de un centavo.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

1. El sector financiero y la deuda ilegítima

Existe un complejo entramado de paraísos fiscales, donde según el informe de OXFAM, se ocultan ya 7.6 billones de dólares, lo que equivale a una suma mayor que el PIB de Reino Unido y Alemania juntos. La desregulación del sistema financiero, el secreto bancario y la globalización en actividades financieras han favorecido a las clases dominantes, aquellas que cuentan con los recursos suficientes para jugar y mercadear con todo, puesto que todo en el sistema capitalista tiene un precio.

Por otro lado, la deuda ha sido y sigue siendo un mecanismo perverso de sometimiento y dominación. El aumento de la deuda pública en muchos países europeos, no es más que un “programa político dirigido” tal y como se puede leer en el informe de la Comisión de la Verdad sobre la Deuda Pública encargada por el parlamento heleno y que analiza la situación de Grecia. “El ejercicio técnico que rodea las variables macroeconómicas y proyecciones de la deuda – unas cifras que se refieren directamente a las vidas y los medios de vida de las personas – ha permitido que los debates alrededor de la deuda se mantengan en un nivel técnico que gira principalmente en torno al argumento de que las políticas impuestas a Grecia mejorarán su capacidad para pagar la deuda. Los hechos presentados en este informe cuestionan este argumento“.

Todas las evidencias presentadas demuestran que  la deuda que surge de los acuerdos con la Troika es una violación directa de los derechos humanos fundamentales de los habitantes de Grecia. Por lo tanto, Grecia no debería pagar esta deuda porque es ilegal, ilegítima y odiosa.

Sin embargo, todos sabemos lo que ocurrió en Julio de 2015.

2. Desplazamiento del rendimiento del capital frente al rendimiento del trabajo

El trabajo ha sido una herramienta para la redistribución de la riqueza. Sin embargo, desde el pasado 2014, en países como España, los rendimientos del capital superaron los del trabajo en su participación en el PIB nacional. Esto significa, que la clase trabajadora se beneficien cada vez menos de ese crecimiento económico. Sin embargo, vivimos bajo una especie de mantra, base del dogma neoliberal, según el cual el crecimiento en términos macroeconómicos beneficia a toda la sociedad. Queda demostrado que no es así.

Pero además, somos las mujeres las que más sufrimos las consecuencias del aumento de la desigualdad y de la perversión del sistema. Según OXFAM, “la mayoría de las trabajadores peor remunerados del mundo son mujeres, desempeñando los empleos más precarios”.Los recortes en servicios sociales, en sanidad, en atención a nuestros dependientes, hacen que generalmente seamos las mujeres quienes asumamos esas tareas. Esto se debe a cuestiones culturales – en un país, como España, donde una mujer a la semana es asesinada por violencia machista, hay mucho aún que avanzar – , pero sobre todo económicas. Hay un proceso acelerado de feminización del paro, de la precariedad y de la pobreza. Los recortes y la austeridad son especialmente contrarios a la igualdad porque las políticas de austeridad son políticas contra las mujeres. Son las mujeres las que están sufriendo los recortes y los expolios de los servicios públicos y es a las mujeres a las que afecta más directamente esta destrucción de los servicios públicos que cubren las necesidades sociales más básicas. La destrucción de nuestras escuelas, hospitales, residencias, servicios de atención a la dependencia, casas de acogida para mujeres víctimas de violencia…es destrucción de la autonomía de las mujeres. Es la libertad y la ciudadanía de las mujeres la que está siendo recortada. La consecuencia es que de manera forzosa, seamos las mujeres quienes asumimos ese trabajo de cuidados, que corresponde al Estado, mientras nuestros derechos económicos, laborales, sociales retroceden. Con sus recortes, nos fuerzan a las mujeres al “exilio interior”.

3. El poder corporativo

En el actual modelo económico, el poder -de facto- reside en instancias supranacionales sin control democrático alguno. Son las grandes corporaciones trasnacionales, las que con su capacidad de influencia – mediante chantaje o compra de voluntades, como por ejemplo las puertas giratorias – interfieren en la capacidad legislativa de los estados y en su soberanía. Recientemente Suecia retiró su apoyo a la independencia del Sáhara para que Ikea pueda abrir tienda en Marruecos, ya que las autoridades marroquíes bloquearon la apertura del nuevo establecimiento en Casablanca después de que el Parlamento sueco votara el posible reconocimiento de la República Democrática Árabe Saharaui. Esto es un ejemplo más de la injerencia y el ataque frontal a la soberanía popular por parte de las corporaciones. Por otro lado, existen numerosos ejemplos de “congelamiento regulatorio” a causa de los Mecanismos de solución de Controversias entre empresas y Estado (el famoso ISDS incluido en el CETA o el ICS del polémico TTIP aún pendientes de aprobación en la Eurocámara el primero, y de redacción por la Comisión Europea el segundo).

El Plan B

Necesitamos por tanto una solución rupturista, radicalmente democrática. El auge de los fascismos, que capitalizan el descontento a través del miedo y la xenofobia, es alarmante. Debemos aprender de nuestra propia historia no muy lejana. Debemos desmitificar esa falacia neoliberal que afirma que se trata de posturas naif y utópicas. Sabemos que nuestra alternativa rupturista es posible. Sabemos que el planeta cuenta con recursos suficientes para que todos los seres humanos tengan condiciones de vida digna. Sin embargo, muchos de recursos están ocultos en paraísos fiscales, previa expropiación de masiva de los recursos de la clase trabajadora en favor de la clase dominante.

Existen numerosos ejemplos y medidas contempladas por diferentes partidos o movimientos sociales como por ejemplo:

  • Amplia participación del rendimiento del trabajo en el sistema económico, como garante de redistribución de la riqueza. Salario digno en condiciones laborales y de vida dignas
  • Eliminación de los paraísos fiscales y lucha contra el fraude fiscal.
  • Aumento del gasto público en materia de sanidad, educación y servicios sociales que combaten la desigualdad social.
  • Creación de mecanismos de control democrático y parlamentario sobre el Banco Central Europeo y supeditación del mismo a las autoridades políticas
  • Democratizar la dirección de las entidades bancarias y derogación del secreto bancario
  • Obligatoriedad para todas las empresas multinacionales y sus filiales de rendir cuentas de sus actividades en términos globales y desglosadas por países
  • Política tributaria justa orientada a la distribución de la riqueza y al servicio de un nuevo modelo de desarrollo
  • Supresión de todas las posibilidades de elusión para grandes fortunas y corporaciones empresariales contempladas en las legislaciones nacionales, haciendo efectivos los principios de generalidad, equidad y progresividad
  • Fin de las puertas giratorias
  • Los servicios públicos han de ser protegidos como derechos esenciales de la ciudadanía, y como tales han de ser protegidos de la especulación privada. Los servicios públicos se financiarán mediante un sistema de impuestos progresivos y no finalistas, con criterios de justicia y bienestar social.
  • Eliminación de la desigualdad entre las mujeres y los hombres en el ámbito laboral, para hacer efectivo el derecho humano al trabajo en condiciones equitativas y la independencia económica de las mujeres
  • Fin del uso de los Memorándums de Entendimiento. Establecimiento de criterios de democratización, transparencia y rendición de cuentas para todos los procesos de toma de macro-decisiones en el ámbito de las políticas económicas. Las grandes decisiones macroeconómicas han de ser precedidas de un debate público real y referéndums vinculantes

No se trata de reinventar la pólvora, la teoría marxista ya apuntaba hacia una comprensión global de la sociedad, puesto que no hay esferas absolutamente separadas, independientes o estancas. En la realidad todo está entremezclado. Es, sin embargo, la ideología burguesa la que propugnan de idea de que la economía es una parte autónoma y con entidad propia. Sin embargo, es necesario un análisis y unas soluciones complejas que tengan en cuenta el conjunto de las relaciones sociales. Actualmente, nos encontramos en un sistema que presenta su dogma económico y neoliberal como algo ajeno a los ciudadanos y al resto de las relaciones sociales. Se presenta, por ejemplo, como ciencia económica, que los tipos impositivos para las empresas deben ser bajos para estimular el crecimiento económico. Pero este sistema favorece a los que ya más tienen y no al conjunto de la sociedad.

La expresidenta del parlamento heleno, Zoe Konstantopoulo, decía que ella prefiere llamarlo plan A, porque desde los poderes supranacionales -sin control democrático y colectivo alguno- no les habían dejado llevar a cabo ni siquiera su Plan, que no era otro que poner las instituciones al servicio de la ciudadanía, tal y como ya habían expresado en las urnas y en las calles.

Será, en cualquier caso, un proyecto colectivo, internacionalista, participado y solidario, o no será. Las armas para transformar la sociedad actual hay que buscarlas en la misma sociedad. La transformación real, como apuntaba Marx, no puede hacerse desde la cúspide de la sociedad o desde sus élites políticas e intelectuales, sino que todos los individuos han de emanciparse. Es, por tanto, necesario generar las herramientas colectivas y participativas para propiciar esa emancipación y  cumplir con nuestra responsabilidad histórica, ideológica y moral de convertir nuestra alternativa en realidad.

Los próximos 19, 20 y 21 de febrero tendrá lugar en Madrid un Gran Conferencia Europea “Contra la austeridad, por una Europa democrática” (http://planbeuropa.es) a la que asistirán diferentes agentes políticos, sociales e intelectuales. Las izquierdas europeas debemos encontrarnos allí para buscar ese espacio de convergencia europeo, donde construir una agenda política, social, económica y de movilizaciones que pongan soluciones y demandas de las mayorías sociales sobre la mesa y que se trasladen a las calles y a las instituciones. Un pie en las instituciones y millones en las calles.